Cuando los hechos superan a la dialéctica política.

11 de Septiembre de 1973. Parafraseando en parte a una de las canciones de Amaral, Santiago de Chile se despertaba entre montañas de resignación. Los habitantes del país andino, atrincherados en sus casas, venían sufriendo un conflicto armado que trataba de amputar las libertades de la nación. El sol, testigo indiscreto de las atrocidades que la noche encubría de manera cómplice, prestaba su último servicio en el imaginario del principal político del país sudamericano, Salvador Allende. Político de vocación, había iniciado su primer mandato tras varios intentos anteriores. Sin embargo, la inminente entrada del ejército a manos de un comandante archiconocido por todos desencadenaba un acontecimiento que marcaría el devenir de las futuras generaciones chilenas. Resguardado en el Palacio de la Moneda y esperando la inminente irrupción de los golpistas, decidió realizar un último acto de servicio a su comunidad a través de Radio Magallanes, su altavoz hacia el pueblo. Con la templanza necesaria del que se sabe poseedor de la verdad absoluta, y a pesar de conocer el trágico desenlace que el destino le otorgaba a su vida, tuvo los arrestos de dirigirse a los ciudadanos para mandar un mensaje de esperanza que traspasaría las fronteras del tiempo y se instalaría en la historia de Sudamérica. Su gesto altruista, anteponiendo los intereses de la nación a los suyos propios en pos de un alegato de la libertad, es ya una de las escenas representativas de la resistencia latinoamericana.

El pasado 11 de Septiembre se cumplía el trigésimo aniversario de este insólito hecho que todavía perdurará en la mente de algunos privilegiados. Por suerte o por desgracia, mi proceso de rehabilitación por consumo de televisión durante tanto años me impidió cerciorarme de si el dichoso 11-S (a este paso nos inundarán cada aniversario) había fagocitado una vez más cualquier otro tipo de noticia interesante. Por ello decidí dar luz a un acontecimiento que podría ser el paradigma de la actividad política para más de uno. Atendiendo a esa solidaridad de la que hizo gala Allende, como catalizador de dicha actividad, resulta inquietante observar como los políticos de hoy en día se mueven antes por difusos intereses que por lo que debería ser “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, como dijera Abraham Lincoln en uno de sus múltiples discursos. Los sucesivos casos de corrupción y la aquiescencia hacia las directrices de los mercados que azotan nuestra sociedad ha devengado un grado de desconfianza hacia nuestros políticos que inequívocamente nos lleva a una situación de inestabilidad social cada vez mayor.

Hace no mucho leía una entrevista en la que un conocido periodista admiraba el compromiso de los políticos durante la etapa de la transición y cómo convivían tanto en el Congreso de los diputados como fuera de él. Si bien los intereses creados tras una dictadura tan larga eran muy enfrentados, se conseguían llegar a acuerdos que dejaran satisfechos a la gran mayoría de los ciudadanos. Ahora simplemente se mira por los intereses de unos pocos, instalándose dentro de la normalidad situaciones como los desahucios; la falta de trabajo y, lo que es peor, de ilusión por un futuro digno de muchos jóvenes; las privatizaciones… Podría seguir hasta convertir este artículo en un bucle interminable pero como ya tenemos bastante minada la moral, no seré yo quien ahonde en nuestras penurias, bastante lo hacen la mayoría de ellos.

Retratados ante situaciones políticas como la explicada al inicio del artículo y con la única obsesión de limpiar su imagen, que no su conciencia, esperemos que las palabras de Salvador Allende durante su última alocución a su pueblo se hagan realidad.

“La historia los juzgará.”

Iñaki Antón. Redacción Radio Cierzo.

Salvador-Allende

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Una respuesta a Cuando los hechos superan a la dialéctica política.

  1. Lucia Arriazu dijo:

    Hace muchos años vi la pelicula DESAPARECIDOS me impresiono tanto ,que soñaba y volvia a soñar que horror.Verla si teneis ocasion.

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