Grandes éxitos y fracasos del conjunto Sky.

Tal vez sea el excepcional rendimiento deportivo de sus corredores, o quizá las pésimas decisiones tácticas de su director, pero lo que está claro es que el equipo británico no deja indiferente a nadie. Dominadores absolutos del ciclismo mundial (más bien del Tour de Francia), primero con Cavendish y sus apabullantes victorias al sprint, y más tarde con los Wiggins, Froome, Richie Porte, Urán, Henao o Boasson Hagen. El presente Tour está destacando por una vuelta al ciclismo clásico, ofensivo, en el que todo el mundo sufre (nadie se ha librado de pasar algún mal momento a lo largo de esta Grand Bouclé) y sobre todo, por el dominio ejercido con puño de hierro por Chirs Froome. Personalmente, no recuerdo tal poderío (vence en montaña y contra el crono de manera clara) desde la época de Lance Armstrong, que todo el mundo sabe como acabó. Por ello, la opinión pública empieza a relacionarlo con el americano y sus tramas de dopaje a gran escala, pero antes de lanzar al aire juicios carentes de fundamento, me gustaría que todos conocieran alguna de las peculiaridades del entrenamiento de Froome (gran fondista por su origen kenyano) y todo su equipo.

Para comenzar, deberíamos decir que el Sky sí práctica un tipo de dopaje, el “doping financiero”, pues cuenta con el patrocinio de la cadena Sky de Rupert Murdoch, que le confiere entre 15 y 20 millones de euros anuales. Eso le permite contratar a corredores de postín, amén de los mejores médicos del panorama actual.

Su llegada al Tour en el año 2009 con sus métodos importados de otros deportes (Tim Keirrison, el principal preparador, lo fue de prestigiosos nadadores como Ian Thorpe) provocó más burlas que temor en el pelotón, pero ahora todos los equipos que forman “la serpiente multicolor” se plantean imitar su minucioso control de la hidratación y la nutrición del ciclista, para que éste no gane peso y sí potencia muscular; y sobre todo, para una mejor recuperación tras un durísimo esfuerzo. Este control es realizado al milímetro gracias al ordenador, cuidando hasta el más mínimo detalle. El método Sky no sólo es innovador por aplicar la tecnología y la ciencia al entrenamiento deportivo, sino por además, crear un entrenamiento cíclico en el que el ciclista no descansa ni en invierno; antes el entrenamiento sólo se producía durante la temporada, ahora el invierno lo utilizan para hacer kilómetros y ganar fondo, mientras que en temporada se buscan entrenamientos de más calidad para obtener los picos de forma en el momento preciso. Sky llegó a Francia con el objetivo de que un británico por fin ganase el Tour de Francia, y no sólo lo consiguieron el año pasado con Wiggins, sino que repiten el presente con Froome. El velódromo, la pista donde siempre han destacado los ciclistas británicos, es el pricipal campo de pruebas adaptando esos entrenamientos a la carretera (Wiggins fue campeón del mundo en pista). Desde el coche, el director de equipo prácticamente dicta a los ciclistas qué ritmo deben seguir, cuántas pedaladas deben dar y qué cadencia seguir.

El año 2012 fue el gran año del ciclismo británico en el que este ciclismo 2.0, cuyo máximo exponente es el Sky, dominó brillantemente el Tour y además Wiggins y Froome ganaron el oro y el bronce respectivamente en la crono de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, los directores ya tuvieron graves problemas para controlar la carrera viendo los problemas que los defensores del “ciclismo tradicional” de ataques y sensaciones daban a su líder Wiggins, además de que el gregario Froome estaba en bastante mejor forma que el líder. Este año se evidencia de nuevo que ni los corredores del Sky ni sus directores son capaces de controlar una carrera loca en la que las decisiones de sus directores son cuanto menos discutibles e ilógicas.

Así pues, y visto lo visto, parece ser que estos entrenamientos basados en fórmulas estadísticas, control del ácido láctico, aerodinámica, tecnología de última generación y unos entrenamientos en el Teide para conseguir los picos de forma, son capaces de sobreponerse a las dificultades para controlar una carrera que se está mostrando realmente caótica. Veremos qué nos deparan estas dos últimas etapas alpinas. ¡Bon apetit!

Alejandro Ayuso. La Cruzeta de Radio Cierzo.

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