Crisis económica, y tragedias que no nos hacen mover el puto culo.

Después de leer este artículo que sigue, seguramente pensaréis que soy un tanto hipócrita, un occidental acomodado, que predica una filosofía revolucionaria que no se corresponde con las actitudes vitales del que escribe. Es fácil estar contra el sistema, cuando entre semana se trabaja sin rechistar, y el fin de semana lo dedica uno al placer, al hedonismo, a echar cuatro birras con los amigos, a desconectar la mente (aunque sólo a veces). Toda la razón del mundo. Pero esperad a la última palabra del texto para ponerme a caldo. Quizá cuando acabéis, en lugar del mío, es otro culo el que queréis patear. Aunque sólo os pase a uno de vosotros. Y por uno se empieza. Patea un culo, y moverás el mundo.

En reposo es como mejor se ven las cosas, con más claridad y nitidez. Y los lunes son esos días. Todas las mañanas nos desayunamos con el último recorte que va a lastrar nuestra Sanidad, Educación o Servicios Sociales. O con el último mal dato macroeconómico que provocará que ninguna empresa se anime a contratar gente, ni a invertir en nada que no sea preparar un ERE. También, será muy posible que, mientras tomamos el primer café del día, oigamos en la radio que el IVA volverá a incrementarse, que las pensiones se congelarán, y que el Comisario europeo de turno indica que a España todavía le quedan muchos esfuerzos que hacer. Más que a España, a los que la sufrimos. Y, cuando otra mañana más, hayamos digerido otra ración triple de malas noticias, la desazón recorrerá nuestro cuerpo, con mayor o menor fuerza en función de la situación vital, laboral, económinca y mental en la que nos encontremos. “Esto no lo arregla ni la madre que nos parió”; “de este túnel no salimos”; “putos políticos, cómo nos han dejado todos ellos”. Todos los días se cruzan frases y reflexiones de este tipo, que hacen que la rabia y la indignación hagan raíz en nuestros cuerpos.

Rabia e indignación, sí. Pero que, en el fondo, son sentimientos que sólo surgen cuando nos toca la miseria a nosotros mismos, o a los que queremos. Y es normal y comprensible que rechacemos penurias que nos toca vivir, o que vemos alrededor nuestro, cuando no las merecemos, cuando hemos trabajado, luchado o estudiado para poder vivir dignamente, y cuando todo esto está enmarcado en la podredumbre del sistema, que los poderosos han provocado.

Pero, a la vez, todo esto tiene un punto de corrupción moral individual que me da asco. Porque, aunque nos parezca lejano en el tiempo y en el espacio, a la vez que en Europa y el resto del Primer Mundo padecemos una crisis que podemos ver en televisiones de 42 pulgadas, o una crisis que podemos comentar en la sobremesa de una gran cena con amigos, o la crisis a la que podemos hacer frente acudiendo a manifestaciones porque una Constitución lo permite (con posibilidades de recibir un pelotazo de goma, si “provocamos a las autoridades del Estado de Derecho”), a la vez que todo eso ocurre, hay un tirano terrorista que se llama Bassar al-Assad que está masacrando Siria, a sus niños y ancianos, que se hace llamar su presidente y protector, pero que como no dispone de petróleo suficiente ni rutas comerciales en sus territorios, al Primer Mundo se la suda que se esté cometiendo un genocidio en pleno siglo XXI (genocidio, sí, como el que, a la vez que lees esto, está sucediendo en Ruanda o Sudán). También, a la vez que nuestra crisis económica discurre, Irak celebra el 10º aniversario de su “liberación”, una liberación que ha dejado una Guerra Civil en la que los iraquíes se han matado entre hermanos, y en la que los militares de Sadamm no han recibido juicio penal. Cada mañana, cuando nos lamentamos de que Luis Bárcenas o Jordi Pujol hayan hecho proxenetismo con nuestros impuestos, varias mujeres y varios periodistas son asesinados y mutilados en México, ante la impunidad que practica la Policía y el Gobierno.

Y ante esto, la opinión pública, la gran masa, no grita igual que si le tocaran a ella. No se da cuenta de que, en pleno siglo XXI, llevamos, mucho antes de que Lehman Brothers quebrara y empezará la crisis, muchos años permitiendo que la mitad de la población mundial sea asesinada, torturada, censurada o expulsada por sus Gobiernos, los que deberían protegerla. Por eso, cada lunes, el día que me dedico a reflexionar, pienso en el título que Supertramp puso a su precioso álbum de 1975: “¿Crisis? ¿Qué crisis?”

Ala, ya podeis empezar a pegarme palos. O no. Insurrección. No queda otra.

juego_guerra

Joseba Guardia. Redacción Radio Cierzo.

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8 respuestas a Crisis económica, y tragedias que no nos hacen mover el puto culo.

  1. Débora R. dijo:

    Ole Joseba

  2. beatriz dijo:

    buen articulo joseba

  3. M.Luz dijo:

    Me alegra comprobar que hay gente a la que le funcionan las neuronas. !Qué se os oiga!

  4. Toni Gómara dijo:

    ¡Aupa Joseba!

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