Vivir en el alambre.

En la vida se dice que alguien vive colgado del alambre cuando está permanentemente metido en líos, y cuando no sale de un charco para meterse en otro; en esta situación está instalada la política navarra, en general, y la presidenta Barcina, en particular.

Todo comenzó en la pasada primavera, cuando el frágil pacto entre UPN y PSN se veía roto, como una gota que colma el vaso. Esta ruptura ha iniciado un proceso sin marcha atrás, en el que la política navarra se ha visto sometida a continuas tensiones.

La primera cumbre de esta ruptura entre los dos gigantes de la política navarra tuvo como primera consecuencia la soledad parlamentaria a la que se iba a ver sometida el ejecutivo foral. Durante el verano ésta apenas iba a ser notoria, debido al descenso que sufre la actividad política durante los meses veraniegos; sin embargo, con el otoño, llegaría el primer gran revés para el ejecutivo regionalista, que veía cómo sus cuentas eran rechazadas, y mandadas a la prórroga. Esta situación ha dejado al ejecutivo foral en permanente tensión, con la persistente amenaza de una moción de censura, que hasta el momento parece poco probable, por la posición titubeante del PSN en este aspecto.

También llegaría, en el otoño, la definitiva integración de la Can en La Caixa, un proceso lleno de claroscuros y con muchos interrogantes, en el que muchas personas se preguntaron qué había ocurrido para que “nuestra caja”, que en 2009 gozaba de una aparente buena salud, hubiera acabado integrada en otra caja, finiquitando así una larga trayectoria, durante la que Navarra había podido presumir de tener entidad financiera propia.

Con el nuevo año, además de un nuevo revés parlamentario, al ver tumbada el ejecutivo su propuesta de reforma de las urgencias hospitalarias, Barcina veía cómo su partido se dividía al anunciar el presidente del Parlamento Alberto Catalán, la intención de disputar la presidencia del partido a Yolanda Barcina. Entonces, se inició un proceso para llegar a un consenso, entre ambas candidaturas, algo que estuvo cerca de lograrse, pero que por culpa de “los flecos”, no llegó a fraguar, por lo que este domingo, 17 de marzo, ambos líderes se disputarán el liderazgo de la formación regionalista.

Y por si esto fuera poco, esta semana saltaba a la luz el caso de las dietas en Can, que terminaba de poner patas arriba la política de Navarra. Según las informaciones publicadas por diversos medios, la presidenta Barcina, y el presidente Sanz, habrían cobrado dietas por duplicado de la Comisión Permanente de Caja Navarra, por asistencia a reuniones de 2 horas que se dividían en dos segmentos de una hora. Estas revelaciones causaron un fuerte impacto en la sociedad navarra, motivo por el cual Barcina pidió disculpas, considerando que, si bien había sido una práctica legal, en estos tiempos de crisis, resultaba difícil de entender para los ciudadanos el cobro de dichas dietas. Días más tarde, el ex presidente Sanz decidía devolver el dinero cobrado, motivo por el cual Yolanda Barcina, el alcalde de Pamplona Enrique Maya, y el consejero de Educación José Iribas, decidieron tomar la misma decisión que Sanz. También cobraron dietas de Caja Navarra los socialistas Roberto Jiménez y Samuel Caro, que justificaban estas dietas por haber realizado en su caso un trabajo intenso, y haber tenido en sus manos una importante responsabilidad.

Esta situación ha causado un fuerte “shock” a la sociedad navarra, pues hasta ahora creíamos que éramos una isla en medio de la tormenta, que no se había visto afectada por prácticas políticas poco éticas, y que sirven para erizar la piel de los ciudadanos de a pie que se están viendo castigados por la crisis, que ven cómo esa imagen que tenían de Navarra se ha roto.

Por otra parte, mucha gente se pregunta qué sucederá tras el decisivo Congreso que UPN celebra este domingo en Baluarte, y que en el caso de ganar Alberto Catalán, dejaría al partido en una situación de bicefalia, con Barcina como líder del ejecutivo, y Catalán como mandamás del partido, una situación que, unida a la minoría parlamentaria, y a la erosión que ha sufrido la imagen pública de Barcina como consecuencia del caso de las dietas, volvería a avivar el debate de la conveniencia o no de elecciones anticipadas en la Comunidad Foral.

La política navarra vive unos momentos decisivos, y sólo el tiempo, ese juez que quita y da razones, es quien puede decirnos qué derroteros discurre.

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Un saludo.

Víctor Hernández. Subcomisión de Investigación.

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