Cascantin@s por el Mundo: Ismael Prol desde París.

Para animar la resacosa tarde de domingo, os traemos desde París, desde donde vienen los niños, una nueva edición del “Cascantin@s por el Mundo”. Ismael Prol Torres.

– ¿Por qué decidiste irte a la capital francesa? ¿Fue algo muy meditado, o surgió “de repente”?

Siempre me había visto haciendo mi vida en Cascante, siempre he tenido un miedo a las ciudades grandes y siempre me ha gustado la vida tranquila, pero la vida da muchas vueltas, España va de capa caída con la crisis, encuentro a una chica impresionante en Las Rozas y mi vida empieza a salir del pueblo. Esto último va a ser una de las razones de mayor peso por las que decidí irme a Paris. Mi novia había terminado una carrera y necesitaba perfeccionarse en los dos idiomas que había estudiado: Inglés y Francés. En principio iba a irse a Inglaterra durante un año, y si se iba existía la posibilidad de dejar la relación, pero casualidades de la vida, tuve la oportunidad de trabajar en Paris, ir con el contrato “bajo el brazo” que es muy difícil en estos tiempos, y más sin saber el idioma. Y hablándolo con mi novia, decidimos que lo mejor era irnos juntos a París, de modo que ella pudiese practicar el francés a la vez que nosotros vivíamos por primera vez juntos y con ello romper la relación a distancia que no es nada fácil. Así que emprendimos, y sobre todo yo, un viaje a lo desconocido, ya que nunca he salido por mi cuenta de España, ella sí lo había hecho, y el día 3 de septiembre de 2012 estábamos allí.

– ¿Cómo es tu vida rutinaria allí? ¿Qué haces para desconectar?

¿Mi vida rutinaria? Pues sinceramente no hay mucho que contar, ya que debido a los horarios de trabajo míos y de Carmen (mi novia) apenas nos vemos, lo que me hace quedarme en casa por pereza a salir solo de casa. Mi vida exactamente es así: me levanto sobre las 6:30 de la mañana, desayuno y todas esas cosas, y me marcho a trabajar. En el trabajo me relaciono como puedo con mis compañeros, todos muy majos la verdad, a pesar de la gran diversidad de procedencias que existen, basta decir que no hay ningún francés; son todos mayores de 40 años -quitando uno o dos-, somos 17 creo. Luego hay una excepción con un chavalín de 17 años que está trabajando y estudiando a la vez, porque allí en Francia existen cursos así para favorecer que los franceses también trabajen en trabajos relacionados en la construcción o reformas, ya que nadie los quiere. En resumen, que los franceses se creen muy “señoritos” para realizar ese tipo de trabajos y por eso ese tipo de trabajos está muy demandado. Siguiendo con mi rutina, la hora de comer es de 12:00 a 13:00, termino a las 17:00, y dependiendo de dónde esté trabajando, llego a casa sobre las 17:30 o 18:00, ya que como ahora vivo en el mismo centro tengo “cerca” mi casa (lo pongo entre comillas porque hay que pensar que París es una gran ciudad, y de punta a punta tranquilamente puedes estar hora y media o dos horas para recorrer esa distancia, a no ser de que te conozcas muy bien las calles, y reduzcas el tiempo a 45 minutos o una hora). Y por último, cuando llego a casa, tengo entre 30 y 45 minutos para ver a Carmen, ya que luego se marcha a trabajar, y para cuando vuelve, yo estoy en el quinto sueño. Desde que se marcha Carmen, no hago mucho más, debido a que los comercios, museos y demás cierran a las 18:00 ó 19:00 normalmente, y sólo dos días a la semana tengo clases de francés, las cuales vienen a dármelas a mi casa; si no, cojo el ordenador, ceno a su hora y para las 23:00 o antes estoy durmiendo.

Dicho todo esto, puedo afirmar que para desconectar, el sábado por la mañana o el domingo puedo pasar un tiempo muy valioso con Carmen visitando París de cabo a rabo, ya que París tiene muchísimas cosas para ver y/o visitar.

– ¿Qué echas de menos de Cascante, de tu casa, de tu familia, de tus amigos?

Lo que más echo de menos es a la gente, ya que en París no tengo relación con nadie fuera del trabajo; estar en casa viendo la tele con mis padres y mi abuelo, por poner un ejemplo de lo más cotidiano, o lo que nunca hubiera pensado: echo de menos los cariños de mi madre, que mientras estaba en casa me resultaban “agobiantes”, (risas), qué ironía, ¿verdad?. También, y no menos importante, echas de menos a tus amigos, esas rondas por los bares del pueblo antes de cenar todos juntos en los diversos bar-restaurante, y los posteriores cócteles que te llevan hasta las tantas de la madrugada. También se puede decir que se echa de menos el quedar a las 20:00 y poder salir 5 minutos antes de casa, pues en París tienes que salir como una hora antes si es durante el día, ya que durante la noche no hay apenas tráfico, y en 20 minutos puedes estar en cualquier punto teniendo en cuenta que vivo en el mismo centro. También se echa de menos las comidas, esas “comidicas” de la madre, y ya no sólo eso, sino alimentos decentes, ya que lo sano es muy caro.

– ¿Son los franceses tan estirados como los pintamos aquí?

Qué decir de los franceses… a las personas que conozco puedo decir que son muy simpáticos, y sobre todo son muy educados, pero cuando hay dinero de por medio, ni para invitar a un café. Pagan cada uno lo suyo y fuera. Tengo un ejemplo que me sorprendió bastante: Carmen me cuenta siempre que no entiende cómo los franceses, y en los jóvenes se acentúa esto, cuando cenan en grupo en un restaurante, en este caso en el que trabaja ella, a la hora de pagar cada uno le dice lo que ha comido y bebido y Carmen tiene que sacar la cuenta a todos y cada uno de los que hayan cenado; cuando son dos no pasa nada, pero cuando hay 20 personas en una misma mesa se pega un buen rato, a veces hasta de media hora, porque también le vienen con tickets descuento, algo que se lleva mucho, y tiene que sacar las cuentas con una calculadora uno por uno aplicando dichos descuentos sólo a quien los tenga. Y yo claro, siempre pienso en mí y mi queridísima cuadrilla, en esas cenas de “cada uno con su cena da igual la diferencia de precios”, y luego pagamos todo a pachas. No sé, serán muy educados y todo lo que quieras, pero prefiero mucho antes el tipo de vida de España que el de Francia, aunque también hay que decir que yo en Francia no vivo mal.

– ¿Cómo vas con el francés? ¿Te desenvuelves bien con el trabajo y el idioma?

El idioma puedo decir que es muy complicado. De momento, chapurreo el francés pero entender, lo entiendo bastante más de lo que lo hablo. Carmen, mi novia, se queda sorprendida de lo mucho que lo comprendo, pero todavía necesito que ella hable siempre que salimos a visitar París. En el trabajo lo practico bastante, así que voy avanzando a pasos agigantados, aunque también se debe a que he tenido la suerte de tener unos buenos y simpáticos compañeros. De ahí que esté tan a gusto trabajando en París.

– ¿Ya has visto todos los monumentos de visita obligada en París?

En los 4 meses que llevo en París he visitado todo lo que es obligado visitar, aunque todavía me falta el Louvre, que lo haré este mes de Enero. París es precioso y desde aquí animo a todo el mundo que lo visite, aunque sea una vez en la vida. Estar en París es como retroceder en el tiempo y encontrarte entre el siglo S.XII y S.XX, dependiendo de la zona en la que nos encontremos. Pero sobre todo abunda ese estilo palaciego que a mí es lo que más me impresiona, todo es enorme.

– ¿Has visto a Ibrahimovic por la calle? ¿Si le ves, saldrás corriendo despavorido (yo lo haría)?

Jajaja, pues no, no lo he visto. A la única persona famosa que he visto ha sido Lady Gaga, porque hizo una presentación de su perfume en una tienda muy famosa en plenos Campos Eliseos.

– ¿La tortilla francesa, la hacen igual que aquí?

La tortilla francesa, qué decir. No tiene nada del otro mundo, son dos simples huevos igual que en cualquier parte del mundo. Aunque no te animo a probarla, ya que te clavan 7 € mínimo por una simple tortilla francesa, precio de París. Yo no la he probado pero sí que he visto los precios en la carta de cualquier brasserie y se te queda grabado semejante precio.

– ¿Sigues la actualidad cascantina desde allí? (Si tu respuesta es NO, dentro de poco lo podrás hacer escuchando, y por supuesto leyendo, Radio Cierzo).

Lo intento pero no es fácil. Es cierto que leo los maravillosos artículos y reportajes de Radio Cierzo, y luego no hay nada mejor que hablar con algunos de mis buenos amigos para que me pongan al día y enterarme de todos los cotilleos que circulan por ahí. Así que dentro de lo que cabe, me voy enterando de las cosas a pesar de estar a una gran distancia.

– Cuéntanos algo que quieras de lo que se siente viviendo allí, cómo es la gente, qué nos diferencia, qué nos une…

Pues lo primero en que me fijé fue en cómo la gente es muy educada pero a la vez es muy cerrada, lo cuál me lleva a decir que España es uno de los pocos lugares en los que uno se siente acogido por sus vecinos, excepto en las grandes ciudades, en las que siempre cada uno mira por sí mismo. Yo vivo en una gran ciudad, pero en los pueblos de la periferia pasa lo mismo y también lo sé por mi tía Begoña, que dice exactamente lo mismo y está siempre en pueblos pequeños de aquí de Francia viviendo.

Otra cosa en la que te fijas es en que a los españoles nos ponen la etiqueta de “borrachos” y ellos son más todavía; la única diferencia está en los horarios de salida. También dicen que somos muy sucios y yo no veo a la gente que usen las papeleras que hay en cada farola, si no que todo va al suelo.

Y ya no hablemos de la inmensa pobreza que hay, se notan muchísimo las diferencias entre clases y aunque pobres e indigentes hay en todos lados, en París veo muchísimos, y entre barrios también se distinguen las clases sociales y la multiculturalidad debido a las muchas razas que habitan París.

Por supuesto no puedo despedirme sin decir que si París es conocida como la ciudad de las luces es por algo y en Navidad muchísimas calles, tiendas, restaurantes,… se decoran con grandes adornos navideños y todos bien iluminados y de todo tipo de luces. Antes de venirme a España de vacaciones pude contemplar lo precioso que es París, sobre todo de noche, en época navideña.

Acabo ya, pues podría estar contando miles de historias y anécdotas que he podido ver en estos 4 meses que llevo y lo que me queda, o eso espero. Espero haber llamado vuestra atención y desde aquí os animo a viajar para descubrir nuevos lugares porque nunca se termina de descubrir nuevas cosas que te llenan y te hacen mejor como persona al tener mayor conocimiento de cómo es el mundo y no sólo de nuestra queridísima ciudad de Cascante.

Un saludo, Ismael Prol Torres

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