Brillará como una estrella que murió.

Dicen que el olvido supone el mayor de los sufrimientos, y de eso sabe un rato Lance Armstrong. Durante años sufrió, y mucho. Al principio de su carrera se le atragantaban los puertos de montaña, y después tuvo que afrontar la subida del puerto más duro de todos: en 1996 le comunicaban que sufría un cáncer de testículos, y que debía luchar para superarlo. Desde entonces, y una vez lograda la victoria más importante de todas, el triunfo en la carrera de la vida, todo para Lance Armstrong fue descender, pues se convirtió en un luchador nato, un deportista afamado, y con el tiempo, en un héroe nacional. Tras aquella victoria, el bueno de Lance consiguió siete victorias más, todas ellas en Francia. Todo comenzó a sonreírle.

El resto es historia; ni siquiera eso, pues la UCI decidió borrar del archivo todos los Laureles del ciclista americano. De repente, el Superhombre, el héroe de Leyenda Americano, el protagonista ideal para toda película de Hollywood, se había convertido en el líder de la mayor y más sofisticada red de dopaje jamás contada, en el villano, el malo de la película… Y luego: el olvido.

De eso trata precisamente este artículo, esta breve reflexión. Un mes después de que la noticia explotase, salpicando y manchando una vez más el buen nombre del ciclismo, ¿se acuerda alguien de Lance Armstrong?, ¿consiguió la UCI borrar el pasado del tejano de las hemerotecas? La respuesta depende de cada uno, pero lo cierto es que ya nadie ha vuelto a hablar del otrora mejor deportista de la Historia, y ese es el mayor de los castigos. El olvido incluso está forzando a Lance a retroceder en aquella lucha que venció en 1998, pues la falta de popularidad le ha quitado el apoyo económico de Nike, su mejor socio, y le ha forzado a retirarse de su fundación contra el Cáncer. Todo esto es algo inusual para alguien acostumbrado a vivir siempre en el alambre, entre fanáticos y detractores, y que ahora quizá pasa por el peor momento de su vida. Tal vez Lance se preguntará cómo nos preguntamos todos si de verdad mereció la pena todo aquel esfuerzo e inversión en sustancias dopantes, si tras vencer al Cáncer ya era un auténtico héroe. Probablemente, esa cultura americana, ese afán por ser el mejor (“nadie se acuerda del segundo” es la frase que marca la historia de ese “gran” país) llevaron a Armstrong a ir más allá de sus límites como ser humano, y convertirse de forma anormalmente artificial en un ser sobrehumano. En cualquier caso, la vida de Lance ha sido una auténtica montaña rusa que ahora mismo se encuentra estacionada boca abajo para siempre en la estación del olvido. Yo, durante muchísimos años, he sospechado del extraordinario rendimiento del americano, pero una vez descubierta toda la trama me niego a continuar hiriéndole: como dice la canción, “Lo siento, no te puedo olvidar”.

Alejandro Ayuso. La Cruzeta de Radio Cierzo.

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